Lo que la economía japonesa puede enseñar al mundo desarrollado

Uno de los temas más tratados actualmente en los mercados financieros es el temor a la desinflación/deflación, y cómo las autoridades monetarias deben tomar medidas para evitar que sus respectivos países se conviertan en “el próximo Japón”. En febrero ya comenté que el temor a la desinflación y a la deflación no es tan lógico o simple como cabría pensar a simple vista. Por otra parte, también creo que vale la pena investigar la premisa habitual de que las economías desarrolladas no quieren acabar como este país asiático.

Japón suele verse como el exponente moderno de una política gubernamental y monetaria inefectiva. Los errores cometidos por las autoridades japonesas en los años noventa se consideran como los culpables de una economía deprimida, que ha permanecido estancada durante los últimos 25 años. Una de las fuentes de esta opinión es que, con frecuencia, los mercados financieros se limitan a juzgar a la economía de un país en función de la evolución de su mercado de renta variable. Teniendo en cuenta el descalabro del índice Nikkei desde los 40.000 puntos a los que cotizaba a comienzos de los noventa hasta los 16.000 puntos actuales, esta medida de la salud económica japonesa ha echado raíz en la psique del mercado.

En realidad, la fortaleza de una economía debería medirse en términos de su producción, y no en base a cifras bursátiles. A primera vista, las cifras de crecimiento económico tanto nominal como real de Japón indican que el país asiático ha quedado rezagado frente a la mayoría de los demás países.

Slide1

Estas medidas sencillas de PIB nominal y real son a las que solemos recurrir una y otra vez para justificar por qué no queremos acabar como Japón. Pero desde el punto de vista de un economista, lo más importante es el PIB per cápita. El hecho de que un país crezca más que otro no debe celebrarse económicamente si ello se debe únicamente a un aumento de su población.

A continuación mostramos un gráfico del PIB real per cápita, en el que puede apreciarse que Japón no ha sido un fracaso económico desde una perspectiva local. De hecho, en lo que respecta al aumento de la calidad de vida del ciudadano medio en los últimos 25 años, la experiencia económica japonesa ha sido bastante positiva.

Slide2

No obstante, el gráfico anterior muestra que Japón todavía está rezagado, con lo que no sorprende que los economistas todavía teman un escenario como el nipón. En nuestra opinión, una medida más fiel del PIB no solo debería estar correlacionada con el número de personas dentro de las fronteras nacionales, sino que debería verse en el contexto de las tendencias demográficas a largo plazo del país. Un país en pleno baby boom experimentará un fuerte crecimiento del PIB durante la explosión de natalidad, y menores niveles al fin de este episodio: los trabajadores se jubilan, y el consumo y la inversión disminuyen. No obstante, para tener en cuenta el verdadero PIB per cápita, es necesario pensar en términos de población activa, no del tamaño de la población total. El siguiente gráfico muestra el PIB por integrante de la población activa. Este ajuste aporta una indicación más justa del PIB per cápita, y la situación de Japón vuelve a mejorar en términos relativos.

Slide3

¿Qué lecciones podemos aprender de Japón? En primer lugar, que las cosas no están tan mal a juzgar por el verdadero PIB potencial per cápita. De hecho, las políticas monetaria y fiscal japonesas han surtido efecto. Una inflación baja y el límite inferior cero de la política monetaria son algo que tememos tanto nosotros como las autoridades, pero a lo mejor lo tememos en exceso, basándonos en un simple análisis de las cifras principales.

El valor de las inversiones fluctuará, por lo que el precio de los fondos puede subir o bajar, y es posible que no recupere la inversión inicial.

Categorizado como: países macro y política
Etiquetado:

Comentar el artículo

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *