Cinco aspectos atractivos de la deuda de mercados emergentes

La opinión de consenso en torno a las perspectivas de la deuda de los mercados emergentes es pesimista. Son muchos quienes apuntan al riesgo planteado por desarrollos como una subida de tipos de interés por parte de la Reserva Federal estadounidense, la caída de los precios de las materias primas, la posible salida de Grecia de la eurozona y la desaceleración de China como razones para reducir las asignaciones de cartera en esta clase de activo. Sin embargo, un análisis más concienzudo revela la existencia de argumentos de peso a favor de la inversión en deuda emergente en este momento.

Para empezar, los acontecimientos geopolíticos parecen haberse estabilizado en varias regiones del mundo. Por ejemplo, se observan señales incipientes pero alentadoras de mejora en el proceso de reestructuración de la deuda corporativa y soberana en Ucrania, gracias a las negociaciones exitosas entre acreedores y gobierno sobre la ampliación de las condiciones de pago del banco estatal Ukreximbank. En Brasil, Petrobras ha publicado finalmente sus resultados financieros tras una demora de varios meses por el escándalo de soborno, lo que ha eliminado el riesgo de aceleración e incumplimiento técnico que pesaba sobre sus bonos. Y en Túnez y Kenia –escenarios recientes de atentados terroristas– la renta fija ha vuelto a sus niveles previos después de un breve periodo a la baja. A nuestro juicio, los inversores todavía no han tenido en cuenta el descenso de estos riesgos de cola en su evaluación de estos países.

En segundo lugar, la inflación en algunos de los mercados emergentes más grandes ha entrado en una fase más benigna, lo que brindará a los bancos centrales mayor flexibilidad en su política monetaria. Gracias a este desarrollo, no se verán obligados a subir sus tipos de interés antes de que lo haga la Fed.

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Tercero, la reciente evolución de los precios del petróleo sugiere mejores perspectivas para algunos mercados emergentes. De haberse mantenido la espiral descendente de los precios hacia los 40 dólares por barril, países como Venezuela, Ecuador e Irak –cuyos ingresos fiscales y de exportación dependen marcadamente del petróleo– se habrían visto afectados por un entorno macroeconómico particularmente negativo. Ante esta recuperación de los precios del crudo, la perspectiva de default de Venezuela –que a principios de año se preveía de cara a 2015– se ha aplazado hasta 2016 en los mercados, lo que elimina otro riesgo de cola inmediato. Algunos exportadores de petróleo como Nigeria, que aún no han permitido la depreciación de sus monedas, habían perdido una parte importante de sus reservas de moneda extranjera al defender su divisa. Sin embargo, el repunte del petróleo hacia el rango de 50-60 dólares les ha permitido recuperar el terreno perdido. Aunado a esto, un petróleo en general aún barato supone un bálsamo para el consumidor estadounidense, lo que ha repercutido favorablemente en aquellos mercados emergentes estrechamente vinculados a los Estados Unidos, como Centroamérica y el Caribe, México y algunos exportadores asiáticos.

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Cuarto, las rentabilidades por cupón de la deuda de mercados emergentes siguen siendo atractivas en términos relativos: los inversores todavía pueden adquirir activos con rentas superiores al 7%, lo cual representa una oportunidad de valor relativo especialmente clara si se tienen en cuenta las bajas rentabilidades que ofrecen los bonos soberanos en los mercados desarrollados. Además, los emisores emergentes están aprovechando las rentabilidades más bajas en Europa para financiarse en euros, en detrimento del dólar. Por supuesto, en este entorno existen algunas emisiones soberanas y corporativas vulnerables como consecuencia de enormes disparidades en los balances de sus emisores, pero también hay algunos ganadores, como por ejemplo las empresas exportadoras. Otros favorecidos incluyen las emisiones soberanas que ya han avanzado en el reajuste de sus balanzas por cuenta corriente, como la India, Chile, Pakistán, Polonia y Hungría.

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Por último, los flujos hacia los mercados de renta fija emergente se han frenado significativamente desde 2013, con lo que se ha reducido el riesgo de cualquier salida precipitada de capital inversor si la Fed comienza a subir el precio del dinero. Podría decirse que una parte de los fondos especulativos ya se ha retirado de esta clase de activo, reduciendo potencialmente cualquier volatilidad futura.

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Mi expectativa es que la deuda de mercados emergentes seguirá pareciendo atractiva en un mundo caracterizado por tipos de interés extremadamente bajos y políticas monetarias expansivas. El descenso de los riesgos geopolíticos, la baja inflación, la estabilización del precio del petróleo, las fuertes dinámicas de valor relativo y el menor riesgo de salidas de capital darán un espaldarazo considerable a esta clase de activo de cara al resto de 2015.

El valor de las inversiones fluctuará, por lo que el precio de los fondos puede subir o bajar, y es posible que no recupere la inversión inicial.

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