Un vistazo rápido a las posibles implicaciones de la devaluación histórica del renminbi

En la madrugada de hoy, el Banco Popular de China (BPC) ha anunciado la mejora de su mecanismo de fijación diaria del tipo de cambio del yuan. A partir de ahora, lo referenciará a la cotización de cierre del mercado del yuan de la jornada anterior, y tendrá en cuenta “las condiciones de demanda y de oferta en los mercados de divisas”, así como la evolución de los tipos de cambio de otras grandes monedas. Ello ha implicado un ajuste no recurrente del tipo de cambio USD/CNY del 1,9% al alza, lo cual representa una devaluación récord de la divisa china, y la primera que realiza el BPC desde 1994.

La intención de aumentar la flexibilidad del yuan sugiere que la fijación diaria del tipo de cambio va a pasar a depender mucho más de lo que haga el mercado. Por lo tanto, es poco probable que el yuan continúe mostrando niveles de volatilidad relativamente bajos, y podría seguir depreciándose a medio plazo mientras las autoridades chinas luchan contra la ralentización del crecimiento económico.

El debilitamiento del yuan tiene una serie de implicaciones de cara a los próximos meses. Para empezar, cualquier intento de devaluar el yuan respecto al dólar conducirá seguramente a una subida de la deuda pública estadounidense, y por lo tanto, a descensos de su rentabilidad (TIR). Si el yuan se deprecia, China tendrá más dólares para invertir en treasuries a través de su acumulación de reservas de moneda extranjera, lo cual apunta a un aumento de la demanda. Dicho esto, y a no ser que en las próximas semanas se produzca una depreciación sostenida del yuan, no es probable que esta medida tenga un impacto considerable en la demanda de deuda pública estadounidense en el corto plazo.

En segundo lugar, la medida ejercerá una presión bajista sobre las tasas de inflación –ya bajas– de las economías desarrolladas. Cabe esperar caídas de sus precios de importación, lo cual apunta a menores precios de consumo y de producción. Una cantidad importante de bienes manufacturados en China y consumidos en el mundo desarrollado son ahora más baratos y podrían seguir abaratándose, lo cual reduciría los costes de insumos y podría conducir a menores precios al consumo.

Tercero, la caída del yuan implicará un deterioro del poder adquisitivo de las familias y de las empresas chinas. También encarecerá los precios de las materias primas, en su mayoría denominadas en dólares. Esto sugiere nuevas presiones a la baja sobre los precios de las materias primas y de los países ricos en estos recursos, como Australia, Nueva Zelanda y Brasil. La depreciación del yuan augura un descenso de la demanda, y podría traducirse en menores niveles de crecimiento en países que exportan a China y en el conjunto de Asia.

Cualquier iniciativa para liberalizar la fijación de los tipos de cambio debería considerarse positiva para la economía global. Dada la gran importancia de China como fabricante de bienes y sus enormes reservas de moneda extranjera, no sorprende que grandes movimientos de los tipos de cambio puedan repercutir de forma significativa en otras economías y activos financieros. Todo nuevo desarrollo en materia de la fijación diaria del tipo de cambio del yuan se seguirá muy de cerca, sobre todo en un entorno en que el perfil de crecimiento de la economía china continúa poniéndose en duda.

El valor de las inversiones fluctuará, por lo que el precio de los fondos puede subir o bajar, y es posible que no recupere la inversión inicial.

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