¿Está mal invertir en equipamiento espacial? ¿Dejarán los satélites sin trabajo al Instituto Nacional de Estadística?

La semana pasada hubo dos cosas que me hicieron reflexionar. Primero, tras publicar una entrada en el blog sobre el impacto de El Niño en la inflación mundial (aquí), Anthony fue contactado por una compañía que luego pasó a vernos para hablar de su negocio. Utilizando datos de los satélites de la NASA y de la UE, la firma en cuestión realiza estimaciones de beneficio para cadenas minoristas y pronostica datos económicos. Contando desde el espacio el número de coches estacionados en los aparcamientos de Big Box, genera estimaciones del número de compradores (tráfico de personas); cuando las cifras se salen de los rangos típicos, suelen augurar una sorpresa en los niveles de ventas. Asimismo, puede estimar la producción de fabricantes de coches y evaluar la velocidad de construcción de infraestructuras y edificios en base a sus planes. También monitoriza los campos magnéticos y eléctricos alrededor de centrales eléctricas, por ejemplo, y realiza mediciones de CO2 por regiones (nos adelantó que los datos recientes de CO2 en China son muy interesantes, pero como no estamos suscritos…). Todo esto es fascinante, pero plantea muchas preguntas éticas y legales, y me hace pensar en el futuro de la estadística (y de la gestión de fondos) tradicional.

Desde un punto de vista ético, ¿está bien examinar los hábitos de consumo de las personas desde el espacio? Con la ley en la mano, ¿tenemos derecho a la privacidad? Y si alguien está contando nuestros camiones desde órbita para obtener una ventaja a la hora de comprar o vender acciones de nuestra empresa, ¿no es eso tráfico de información privilegiada? ¿Y cómo responderán los órganos de estadística tradicionales ante el desarrollo de «nuevos» métodos de análisis quizá capaces de dar una cifra precisa de PIB en tiempo real, en vez de tener que esperar meses para publicar una cifra poco creíble y que se revisa varias veces? Ya hemos escrito en varias ocasiones acerca del Billion Prices Project, una cifra de IPC en tiempo real derivada de los precios en internet, y supongo que el índice Li Keqiang es un ejemplo de cómo hasta las autoridades utilizan datos alternativos para «publicar de inmediato» cifras de PIB. Da la sensación de que esta tecnología va a tener un impacto significativo en nuestra capacidad para comprender (o como mínimo, medir) la economía, aunque sus consecuencias para la propia economía siguen siendo confusas (como dijo Robert Solow: «Se ven ordenadores por todas partes, excepto en la estadísticas de productividad»).

En segundo lugar, y todavía en el ámbito de la tecnología y su impacto en la gestión de inversiones, recibí un mensaje de otra empresa en el que me ofrecían el siguiente servicio: «¿Le gustaría un enlace en directo con la rueda de prensa del presidente del BCE, Mario Draghi, el próximo jueves?» Este enlace sería probablemente 8 segundos más rápido que los RSS de Bloomberg y de la CNBC, y 20 segundos más rápido que si lo viera a través del propio sitio web del BCE. Sin llegar al extremo de los «flash boys», quizá la industria de la inversión está a punto de tornarse mucho más tecnificada. Quizá sea buena idea suscribirse a Wired.

Y para aquellos que no sepan de dónde sale el título de este blog (más o menos), prepárense.

El valor de las inversiones fluctuará, por lo que el precio de los fondos puede subir o bajar, y es posible que no recupere la inversión inicial.

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