La crisis de las remesas a Centroamérica. ¿Quién perdería más si Trump fuera presidente?

La campaña electoral estadounidense ha sorprendido a todo el mundo hasta la fecha. El candidato Donald Trump ha prometido deportar a los once millones de inmigrantes ilegales que viven actualmente en Estados Unidos. También ha dicho que, de ser elegido presidente, incautará todos los pagos de remesas derivados de los salarios ilegales. En el pasado ya hemos escrito sobre cómo Centroamérica y el Caribe se benefician de una mejora en el crecimiento estadounidense, lo cual nos ha llevado a invertir en bonos soberanos de la región. Las remesas benefician a los países receptores, ya que reducen sus déficits por cuenta corriente ytienen un impacto positivo en el consumo interno y el crecimiento, aunque algunos estudios señalan también cierto impacto negativo debido al aumento de la desigualdad en las rentas o a la posibilidad de apreciación de la divisa, lo cual reduce la competitividad de las exportaciones.

Suponiendo que Trump se convirtiera en presidente y deportara a todos los inmigrantes ilegales (sin entrar en los aspectos logísticos y la viabilidad de tal medida), ¿qué impacto tendría esto en los flujos de remesas en la región? En la tabla que aparece a continuación, hemos utilizado datos sobre la población total de inmigrantes del Migration Policy Institute y estimaciones del número de inmigrados ilegales realizadas por el Center for Migration Studies para calcular el porcentaje de inmigrantes ilegales por país de origen. A continuación, hemos utilizado esta misma proporción para calcular el volumen de remesas no autorizadas, en base a los datos de remesas totales del Banco Mundial. En realidad, existen diferencias entre los volúmenes de remesas de trabajadores legales e ilegales, así como en el plazo en que se envían dichas remesas. Asimismo, cabe poner en duda la exactitud de los datos sobre los inmigrantes ilegales.

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La retórica en cuestión se ha concentrado en México, al ser el país del que procede la mayor cantidad de inmigrantes en Estados Unidos. No obstante, como se aprecia en la tabla, los mayores perjudicados serían los países más pequeños: El Salvador y Honduras. Ambos tienen una proporción mayor de remesas respecto a su PIB y los ingresos en cuenta corriente, porque su proporción de inmigrantes ilegales es mayor respecto al tamaño de su economía y de su población.

México, por el contrario, se vería mucho más perjudicado si se renegociara el acuerdo de comercio libre del NAFTA, ya que su economía depende mucho más de las exportaciones a Estados Unidos que de las remesas de expatriados.

Es evidente que hay implicaciones de mayor calado que son mucho más difíciles de cuantificar. Mayores déficits por cuenta corriente conducirían a una combinación de divisas más débiles, mayores niveles de endeudamiento y una deflación de los precios nominales en el caso de El Salvador, que es un país muy dolarizado. El crecimiento también podría ser inferior si el aumento de la población activa no fuera capaz de encontrar oportunidades similares en sus países de origen, lo cual sería negativo para las cuentas fiscales y la dinámica de deuda de estos. Esperemos que al final se imponga el sentido común y se vea lo poco práctico que resultaría deportar a once millones de personas.

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