Antes de la salida, ¿qué significó el Brexit? Razones por las que el BoE debería aplazar una variación de la política monetaria.

Después del referéndum sobre el Brexit nos encontramos con un purgatorio en  sentido económico. Los partidarios del Brexit esperan con impaciencia una revitalización de la economía basada en patrones democráticos, mientras que los defensores de la permanencia temen que la mentalidad de la “pequeña Inglaterra” los deje aislados y mermados. La mayoría de los ciudadanos tienen una opinión, pero la opinión económica que más importa es la del Banco de Inglaterra (BoE). El mercado ha absorbido la noticia del Brexit y ha efectuado ajustes: la libra se ha depreciado, las acciones de empresas con beneficios derivados del extranjero han subido y las rentabilidades de los bonos del Estado británico han caído a mínimos récord.

Ahora el BoE tiene la oportunidad de hacer públicas sus reflexiones este jueves sobre el Brexit en su Informe de inflación. El mercado presupone que ahora el Banco de Inglaterra está obligado a actuar para evitar el grave riesgo de crisis que describió en sus anteriores ruedas de prensa. Sin embargo, como al Reino Unido le queda todavía unos dos años y medio para salir de la Comunidad Europea, el BoE tiene el tiempo a su favor: medio año para reflexionar sobre las consecuencias del Brexit y luego otros dos años como miembro de pleno derecho para dilucidar qué pasará después.

Lo primero que analizará el BoE el jueves es el estado en que se encontraba la economía británica antes del referéndum. La respuesta es que la economía presentaba un bajo desempleo, un fuerte crecimiento de los salarios reales y un auge del consumo, como se desprende del déficit comercial récord. De cara al futuro, el nuevo gobierno tenderá a implantar estímulos fiscales y el BoE podría relajar la política monetaria mediante la combinación de tipos de interés más bajos y métodos poco ortodoxos, mientras que la caída de la libra proporcionará un empujón económico. Dicho en términos sencillos, tenemos una economía saludable que opera casi a pleno rendimiento, y que está a punto de recibir una inyección de energía desde el punto de vista fiscal, monetario y del tipo de cambio. En el lado negativo, la economía del Reino Unido va a sufrir cierta ralentización potencial de aquí a dos años y medio, dada la probabilidad de que se implanten barreras al comercio con nuestros países vecinos, aunque antes de eso podríamos ver un descenso de la inversión potencial en bienes de equipo y de la confianza de los consumidores.

Sin embargo, las ventajas parecen capaces de contrarrestar con creces estos escollos durante los dos próximos años. De hecho, si usted es una empresa y tiene  cierta capacidad libre será conveniente utilizarla antes de que venza el plazo límite del Brexit (por ejemplo, un fabricante de automóviles radicado en el Reino Unido), lo más lógico sería producir a toda velocidad antes de que aumenten las barreras al comercio, especialmente en vista de la depreciación de la libra. Aparentemente los exportadores del Reino Unido se hallarán en excelentes condiciones hasta la primavera de 2019.

Las propias previsiones del BoE previas al Brexit revelan que la inflación regresará o superará el objetivo marcado en el transcurso los dos próximos años. El problema al que ahora se enfrenta el BoE es que las ventajas del Brexit (una política fiscal y monetaria más laxa, unido a un tipo de cambio más bajo) se harán notar mucho antes que los posibles escollos en 2019. Aunque a las autoridades monetarias les gusta trabajar con un enfoque contracíclico, los perjuicios económicos que podrían derivarse de la decisión de salir de la UE posiblemente se demoren algún tiempo. De hecho, actuar con prontitud y de forma drástica podría deparar en una mini expansión, a raíz de la cual el acontecimiento del Brexit eventualmente aplazado parecería aún más severo. Por estas razones, creemos que el BoE no debería ser demasiado contundente a la hora de relajar la política monetaria el jueves.

La posibilidad de producirse una recesión y deflación en 2019 dependerá de cómo la economía del Reino Unido se adapte a su nuevo papel en el mundo. Quizás, dentro de dos años y medio, los mecanismos del mercado, entre ellos el tipo de cambio y el hecho de que el Reino Unido haya tenido tiempo de prepararse para su salida de la UE, permitirán que el mercado se preocupe por nuevos asuntos, en vez de por un acontecimiento que podría convertirse solo en un recuerdo lejano.

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