Ya están aquí los gráficos más terroríficos, económicamente hablando, para celebrar Halloween

Los mercados de inversión han demostrado ser sumamente resilientes durante el año 2017. Es innegable que el entorno geopolítico ha planteado una serie de días de espanto en los que vimos olas de ventas en el mercado, pero la volatilidad general se ha aplacado y casi todas las clases de activos han generado rentabilidades sólidas. Dicho esto, cualquier aficionado a las películas de miedo sabe que el susto llega cuando todo parece estar tranquilo. Teniendo presente esta premisa, a continuación mostramos algunos gráficos que arrojan luz sobre varias amenazas que acechan en la sombra a la economía global.

  1. La expansión cuantitativa del BCE ha apuntalado los mercados de bonos soberanos

La fuerza de la economía europea y las señales de mejora del mercado laboral en la eurozona han sido la sorpresa del 2017. Es innegable que el BCE, con su programa de expansión cuantitativa, ha desempeñado un papel muy importante en el éxito económico. Son muchos los que señalan la caída de las rentabilidades de la deuda del área periférica como signo inequívoco de que la crisis de la deuda soberana del euro ha terminado definitivamente. La cuestión es si la caída de las rentabilidades implica que se ha recuperado la confianza en la capacidad de los países de la eurozona de pagar la deuda, o simplemente refleja las compras de activos que ha llevado a cabo el BCE desde que empezó el programa de expansión cuantitativa. El gráfico anterior, publicado en el Informe sobre la estabilidad financiera mundial del FMI más reciente, muestra que las compras oficiales de deuda de la eurozona han eclipsado a las emisiones netas desde mayo de 2015. De hecho, el programa de expansión cuantitativa del BCE es actualmente 7 veces superior a la emisión neta. ¿A alguien le sorprende que las rentabilidades hayan caído? ¿Qué pasará cuando el BCE intente cerrar el grifo de dinero fácil?

  1. La deuda es una fiera indomable

En las economías avanzadas del G20, el ratio de deuda en relación con el PIB ha aumentado de forma estable durante la última década y ahora se sitúa por encima del 260% del PIB o, lo que es lo mismo, 135 mil millones de dólares estadounidenses (135.000.000.000.000 USD). Es una cifra enorme. Y, si bien es cierto que esta deuda representa un activo en otro balance, es innegable que los gobiernos, las empresas y los hogares nunca han vivido por encima de sus posibilidades durante tanto tiempo. Este es el motivo por el cual los tipos de interés de las economías avanzadas son tan bajos y es poco probable que vuelvan a los niveles de antes de la crisis financiera de 2008. Para los inversores, esto significa que hay que arriesgar más para generar rentabilidades positivas reales.

  1. Los inversores se agolpan en los activos de riesgo

La política acomodaticia del banco central ha fomentado que los inversores apuesten por activos cada vez más arriesgados. Si bien esta situación se puede describir como un «ajuste de las carteras» y los bancos centrales creen que les ayudará a generar inflación, también acarrea un riesgo considerable para el sistema financiero global. En los EE. UU. y en Europa, las participaciones en fondos mutuos de los respectivos mercados high yield han aumentado considerablemente. Si observamos los mercados emergentes, la flexibilidad monetaria a gran escala ha apuntalado una gran parte de los flujos de carteras de las economías de los mercados emergentes. Según los cálculos del FMI, cerca de 260 mil millones de USD de los flujos de entrada de carteras desde 2010 se pueden atribuir al programa de expansión cuantitativa de la Fed.

Un repunte de la aversión al riesgo por parte de los inversores o una conmoción externa de algún tipo (como la caída del precio del petróleo del año 2014) sería una cuestión preocupante para el rendimiento de las inversiones de las clases de activos de mayor riesgo, como el high yield y los mercados emergentes. Si los inversores corren buscando una salida, se podría desencadenar una venta masiva de activos más arriesgados y menos líquidos conservados en fondos mutuos abiertos, lo que podría traducirse en una caída de precio considerable. El carácter sumamente progresivo de la normalización de la política monetaria podría estar empeorando estos riesgos, puesto que las bajas rentabilidades y volatilidad continuas alientan a los inversores a aumentar la exposición al riesgo de crédito, la duración y el apalancamiento financiero.

  1. Pese a las bajas tasas de desempleo, los sueltos no suben y la productividad es deficiente

El ínfimo aumento de los salarios, pese a las bajas tasas de desempleo, indica que se ha reducido el poder de fijación de precios de la mano de obra como factor de producción. Esto es un problema, puesto que los mercados laborales siempre se han considerado una pieza fundamental para la inflación, teniendo en cuenta que la subida de los salarios en general se ha traducido en un aumento de los costes de producción y, a su vez, en un aumento de la inflación. Por primera vez, responsables de bancos centrales como Mario Draghi y Haruhiko Kuroda han pedido a los sindicados que aumenten sus demandas relacionadas con el aumento de los salarios, porque como afirmó Draghi, los sueldos son «el factor que más influye en la inflación».

Cuanto más capaces sean de reforzar su poder de fijación de precios los trabajadores, más probable es que las empresas acepten sus demandas salariales. Por desgracia para los trabajadores con ingresos bajos y medios de las economías del G7, el poder de fijación de precios ha caído desde principios de los años 90. La caída de la densidad y cobertura sindical, junto con un descenso de la protección del empleo, ha dejado a los trabajadores en una posición más débil para presionar y obtener una mejora salarial. A menos que los trabajadores puedan empezar a pedir mejores retribuciones, es probable que sigan sufriendo el descenso de los salarios reales. Este ha sido el caso en el Reino Unido, donde los costes laborales unitarios y la inflación han crecido un 16% y un 25% respectivamente desde 2008.

  1. Y no podía faltar: el gráfico del Brexit

Según las noticias que nos llegan cada día de la prensa británica, no parece que las negociaciones entre el Reino Unido y Europa vayan demasiado bien. Para poner de relieve la magnitud del desafío al que se enfrenta el Reino Unido, este gráfico muestra la proporción del comercio británico total por acuerdo comercial. Según Bruegel, aproximadamente el 51% del comercio británico actual tiene lugar con la UE, el 4% con países del EEE o que tienen un acuerdo de unión aduanera y el 9% según acuerdos de comercio preferencial (PTA) de la UE existentes. El 21% de los tratos comerciales se realizan con países que tienen un PTA en negociación.

En marzo de 2019, a menos que se llegue a algún tipo de acuerdo, el Reino Unido deberá negociar acuerdos con la mayoría de sus socios comerciales. Esto supone un desafío de gran envergadura puesto que los acuerdos comerciales complejos no son fáciles de negociar y suelen requerir años. Si el Reino Unido sale del mercado único de la Unión Europea y de la Unión Aduanera de la UE, es probable que se apliquen barreras comerciales arancelarias y no arancelarias (como cuotas, embargos y gravámenes) entre el Reino Unido y sus principales socios comerciales europeos. Es posible que el acceso de algunos sectores y empresas al mercado europeo sea mucho más limitado, lo que supondría un gran obstáculo para el crecimiento económico del Reino Unido a corto plazo.

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