Japón: ralentización del crecimiento, descenso de la inflación y un gobierno impopular

A mediados de junio  estuve en Tokio, donde me reuní con economistas, clientes y expertos en deuda soberana japonesa. También triunfé en el karaoke, disfrazado de astronauta.

Al volver de mi viaje anterior al país del sol naciente, hace más de un año, consideraba probable que el Banco de Japón fuera a abandonar su política de tipos de interés cero, que dañaba a los beneficios de los bancos y enviaba una señal negativa a las compañías y hogares nipones. Por aquel entonces también observábamos un aumento de la inflación subyacente y niveles positivos de crecimiento. Ahora, sin embargo, no parece que la entidad piense de esa forma. Aunque no podemos hablar de desesperación económica, tanto el crecimiento como la inflación se han debilitado, y la popularidad decreciente de Abe plantea la perspectiva de un nuevo líder del PLD con una visión de política fiscal menos expansiva más entrado el año. También se divisa en el horizonte una temida subida del impuesto sobre el consumo, lo cual se traduce en un mayor gasto ahora y un bajón tras su entrada en vigor, como sabemos por experiencias previas. Al mismo tiempo, eso sí, abundan las buenas noticias: las tasas de paro son incluso más bajas que en Estados Unidos, y la tasa de participación de la mujer continúa aumentando. En este vídeo de 4 minutos desde el Velódromo de Tachikawa (sin ningún motivo específico) podrá escuchar mis reflexiones desde Japón y ver (a) un par de gráficos interesantes y (b) corredores de keirin.

Por último, un par de datos anecdóticos . ¿Sabían que desde el tsunami de 2011, 43 de las 54 plantas nucleares de Japón siguen desactivadas? Antes del terremoto, satisfacían un 30% de las necesidades eléctricas del país asiático. Con objeto de ahorrar electricidad, el gobierno introdujo una política llamada «Cool Biz»: desde comienzos de junio y durante los meses veraniegos, todos los trabajadores gubernamentales y estatales tienen prohibido llevar americana y corbata al trabajo (y se anima a las compañías privadas que también apliquen esta política). En los edificios gubernamentales, no se permite poner en marcha el aire acondicionado si la temperatura no supera los 28 grados centígrados. No quiero ni pensarlo. Desde aquí, de hecho, estamos todos hojeando desesperadamente la normativa sobre salud y seguridad con la esperanza de que la compañía nos envíe a casa cuando nuestro renqueante aire acondicionado detecte temperaturas de 24 grados…

 

El valor de las inversiones fluctuará, por lo que el precio de los fondos puede subir o bajar, y es posible que no recupere la inversión inicial.

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