La aversión al riesgo está en marcha

Las renovadas tensiones políticas entre Estados Unidos y el bloque Turquía-Rusia agudizaron la incertidumbre y provocaron una oleada de ventas de divisas en ambos países. Los tradicionales activos refugio, como los bonos del Tesoro estadounidense y el yen, se apreciaron. ¿Estas crisis nos revelan algo sobre el estado de la economía mundial?

¿Qué está pasando y por qué?

La lira turca y el rublo ruso se derrumbaron la semana pasada, tras la escalada de las tensiones diplomáticas surgidas entre los respectivos países de estas divisas y Estados Unidos. En el caso de Turquía, los problemas se acrecentaron después de cumplirse el plazo a comienzos de esta semana para que Turquía liberase a un pastor protestante estadounidense; y el viernes, el presidente Trump autorizó la duplicación de los aranceles sobre algunos metales aplicados a Turquía. En el caso de Rusia, EE.UU ha propuesto nuevas sanciones ante la presunta intromisión del país en las elecciones estadounidenses. La lira turca se depreció hasta su mínimo histórico frente al dólar estadounidense, mientras que el rublo alcanzó su nivel más bajo desde marzo de 2016. La tensión en torno a Turquía se intensificó el viernes después de que el presidente turco Recep Tayyip Erdogan afirmase que su país no se doblegaría ante el bienestar económico.

¿Qué activos reaccionaron más a los acontecimientos?

Los mercados pasaron a una actitud de aversión al riesgo, donde los inversores huyeron en busca de activos refugio tradicionales: la rentabilidad de los bonos del Tesoro estadounidense a 10 años de referencia mundial cayó al 2,87% tras haber rebasado el 3% apenas la semana pasada, y eso a pesar de registrar la inflación subyacente su mayor subida desde 2008. El dólar estadounidense y el yen registraron repuntes. La mayoría de rentabilidades de la deuda pública europea también experimentaron descensos, excepto las de España, Italia, Portugal y Grecia. Los Mercados Emergentes (ME) y sus divisas se devaluaron, especialmente los aquejados por una situación económica o política frágil: el peso argentino se depreció un 3,3% frente al dólar el viernes, mientras que el rand sudafricano perdió un 2,5%. Los prestamistas europeos con respecto a Turquía también se vieron afectados, al quedar mermada la capacidad de pago de los prestatarios turcos por la depreciación de su divisa. Los diferenciales de los bonos convertibles contingentes de los bancos españoles e italianos se ampliaron.

¿Qué podría pasar ahora?

Los inversores esperan que Turquía se apresure a actuar para contener la caída de la divisa, ya que su depreciación encarece la factura que debe pagar el país en el extranjero, especialmente porque el país importa la mayoría de sus necesidades de petróleo. Parece que a Turquía le quedan solo dos opciones:

  • La ortodoxa: Aplicar subidas de tipos para contener la caída de la lira. Entre otras medidas que podría adoptar destacan la consolidación fiscal y la mejora de relaciones del país con Occidente para suavizar las sanciones impuestas por EE.UU. Esto posiblemente facilitaría la creación de un programa de ayudas del Fondo Monetario Internacional (FMI). En este escenario, los bancos y empresas turcos se resentirían, y las dificultades podrían extenderse durante dos años. En un contexto de recesión, Turquía podría asistir a un aumento de su gasto y deuda, pero suponiendo que su deuda soberana se incrementase del 30 al 50% del PIB, tal vez no produciría efectos tan desastrosos. El dinero tendría que gastarse en rescates destinados a grandes empresas y bancos. La deuda corporativa turca representa el 70% del PIB, estando un 35% de ella denominada en divisas fuertes. De este 35%, alrededor de la mitad se encuentra prestada de bancos turcos, que podrían tener que nacionalizarse en el peor de los casos. La principal amenaza para las empresas podría ser la falta de financiación externa, más que un descenso del crecimiento o una recesión. Erdogan lleva un tiempo tratando de diversificar las fuentes de financiación y los socios comerciales de Turquía, buscando el favor de Rusia, China y Qatar. Recientemente se obtuvo de China un préstamo de 3.600 millones de USD, pero eso solo cubre una pequeña parte de las necesidades de financiación de Turquía, que se estiman en 240.000 millones de USD.
  • La heterodoxa: Implantación de controles de capital. Esto podría extender la crisis a los bancos europeos que estén expuestos de manera apreciable a la deuda turca. Esta solución, como vimos en Argentina, podría resultar más impopular, ya que la gente se vería obligada a comerciar únicamente en la moneda local.

¿Estas crisis nos revelan algo sobre el estado de la economía mundial?

A menudo se dice que este tipo de turbulencias representan una advertencia de que se avecinan crisis de mayor calado. Sin embargo, Turquía lleva algún tiempo acuciada por diversos problemas y Rusia parece tener suficientes recursos como para absorber las posibles nuevas sanciones, siempre que no se desplomen los precios del petróleo (Rusia siempre ha sido muy dependiente del precio del crudo). En cuanto al crecimiento mundial, China, Estados Unidos, Europa y Japón tienen una influencia mucho mayor, y estas economías, aunque distan mucho de estar a plena marcha, siguen creciendo a un ritmo saludable.

¿Existe peligro de contagio a otros Mercados Emergentes o Desarrollados?

El contagio siempre es una amenaza y los acontecimientos recientes podrían recrudecer la volatilidad. No obstante, en un horizonte a largo plazo, los países y activos vienen determinados en buena medida por sus propios fundamentales. Como siempre, realizar un análisis y selección concienzudos es primordial antes de tomar cualquier decisión de inversión.

El valor de las inversiones fluctuará, por lo que el precio de los fondos puede subir o bajar, y es posible que no recupere la inversión inicial.

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