Outlook Semanal: Tormenta de verano

Una intensificación de las tensiones diplomáticas entre EE. UU. y Turquía y Rusia desencadenó una ola de ventas en la renta fija global, que afectó principalmente a los mercados emergentes, y provocó una huida apresurada hacia los refugios seguros, con una fuerte demanda de los treasuries y los bonos suizos y alemanes. La aversión al riesgo aumentó a finales de la semana pasada, cuando la lira turca se desplomó un 18% en dos días al cumplirse el plazo para que Turquía liberase a un religioso estadounidense, así como por las nuevas sanciones contra Rusia propuestas por EE. UU. por la presunta interferencia de aquel país en las elecciones estadounidenses. Los temores de los inversores se contagiaron a otros países, lo que llevó a los bancos centrales de Argentina e Indonesia a subir los tipos de forma urgente para defender sus divisas. Sin embargo, tras haber sido vapuleadas, la lira turca y el rublo ruso frenaron las pérdidas a principios de esta semana, mientras los inversores sopesaban si la crisis es específica o un indicio de un problema subyacente más profundo. Vea el vídeo «Markets go cold Turkey» de Wolfgang Bauer, gestor de fondos de M&G, en el que ofrece algunas perspectivas.

Los débiles datos de China de julio empeoran la situación: tanto la producción industrial como la inversión en bienes de equipo incumplieron las expectativas, lo que provocó una caída del renminbi a 6,91 unidades por dólar estadounidense, su nivel más bajo desde enero de 2017. Pocas clases de activos se salvaron de esta semana turbulenta, en la que más de la mitad de los 100 sectores de renta fija que seguimos en nuestro Panorama semanal registraron rentabilidades negativas. Entre los ganadores estuvieron los treasuries a largo plazo, que subieron un 1,2% en los últimos cinco días de negociación, a pesar de los sólidos datos de la inflación de EE. UU. publicadas el viernes. Los bonos ligados a la inflación del Reino Unido con vencimiento a largo plazo también subieron. En cambio, los bancos europeos con exposición a la Turquía y la deuda soberana italiana, afectada también por la incertidumbre presupuestaria, se hundieron. El petróleo cayó hasta casi su nivel más bajo en un mes, ante la preocupación de que las nuevas barreras comerciales propuestas podrían debilitar la economía global. En el lado positivo, Japón y la eurozona registraron un crecimiento del PIB mayor de lo esperado.

Hacia arriba:

Deuda corporativa asiática, una buena crisis. Como suele suceder en tiempos de inestabilidad, los bonos de gobierno y corporativos asiáticos se comportaron mejor que los mercados emergentes en general, debido a sus fundamentales habitualmente más positivos: desde la crisis de las divisas del Sudeste asiático de 1998, provocada en parte por los abultados déficits por cuenta corriente, la mayoría de los mercados emergentes asiáticos han reconstruido sus economías, reduciendo sus déficits y centrándose en el crecimiento interno. La prima de riesgo que reciben los inversores por invertir en deuda corporativa asiática con respecto a los treasuries —ya inferior a sus homólogos de Europa del Este, Latinoamérica y África— apenas subió 4 puntos básicos en los últimos cinco días de negociación, poco si compara con el alza de otras regiones de los mercados emergentes, como vemos en el gráfico. La ampliación de los diferenciales fue mínima en los países orientados a las exportaciones o al consumo interno, como China y Corea del Sur, con la excepción de Indonesia, cuyo aumento del déficit por cuenta corriente lo hace más vulnerable a los shocks externos. Con una rentabilidad (TIR) del 5,12%, muy por encima del 2,8% de ofrecen los treasuries a diez años, o las rentabilidades (TIR) negativas que siguen predominando en Europa, la deuda asiática sigue atrayendo a los inversores.

Renta fija. En un mes como el de agosto, caracterizado normalmente por la escasez de liquidez, los inversores buscaron refugio en los mercados de futuros y opciones, que les permiten negociar el riesgo, o la falta de este, asociado a un activo subyacente, sin necesidad de invertir en el bono. Las opciones de compra de treasuries o bonos federales alemanes (bunds) se negociaron más que ninguna otra opción soberana, con una subida de los precios de hasta el 1,8% en el caso de los treasuries y del 1,4% en el de los bunds. Esto implica que los inversores esperan que el precio de los activos líquidos aumente en el futuro, momento en que tendrán derecho a comprar el bono al precio determinado ahora, vendiéndolo a un precio más alto en el futuro.

Hacia abajo:

Mercados emergentes: ¿ola de ventas indiscriminada? La mayoría de las divisas de los mercados emergentes se desplomaron y las rentabilidades (TIR) de los bonos soberanos subieron durante los cinco últimos días de negociación, lo que reflejo de la preocupación de los inversores por la clase de activos tras las tensiones en Turquía y Rusia. El peso mexicano, el esloti polaco, el real brasileño y el rand sudafricano perdieron más del 4% frente a un dólar estadounidense al alza, aunque en algunos casos no sucedió nada concreto en esos países. Sin embargo, como vemos en el gráfico, las divisas de países con superávit por cuenta corriente se comportaron algo mejor que Argentina, Turquía y Sudáfrica, muy dependientes del capital extranjero. En el caso de Rusia, el rublo cayó tras la propuesta de nuevas sanciones al país por parte de EE. UU., pero con un superávit externo y ante la pujanza actual de los precios del petróleo (del que Rusia es un gran exportador), hay quien afirma que el efecto de las nuevas restricciones podría no ser tan grave como indica la divisa: lea el blog de Claudia Calich, gestora de fondos de M&G: «¿Puede soportar Rusia nuevas sanciones de EE. UU.?»

La Fed y Trump, opiniones diferentes: En una semana en la que el presidente estadounidense, Donald Trump, anunció nuevos aranceles a los productos turcos y propuso nuevas sanciones a Rusia, un blog de la Reserva Federal (Fed) de Nueva York afirmó que las tarifas a las importaciones probablemente reducirán tanto las importaciones como las exportaciones, cuestionando los planes de Trump de aumentar los aranceles para reducir el déficit comercial del país (EE. UU. tiene un déficit por cuenta corriente del 2,3% del PIB). De acuerdo con la Fed de Nueva York, aunque la subida de los precios provocada por el aumento de los aranceles llevaría a los consumidores a comprar productos nacionales, un aumento de los costes iniciales reduciría también la competitividad de las exportaciones estadounidenses, provocando su caída junto con la de las importaciones.

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